viernes, 18 de enero de 2008

verso II

Donde reside la diferencia

Entre el ser y el estar,

Más allá de todo,

A donde nunca quisiste llegar.

Ahí donde camuflas instintos,

Inventas vidas, lloras ríos.

Ahí donde todo deja de importar,

Cuando solo sabes que perderás.

Te ahogas en tus propias lágrimas,

Rezas dioses que no existen,

Maldices a todas las ánimas

Tú, desdichada, entre aquellas que vistes.

Cálla tu voz de sirena,

Entre todas enemiga.

No vuelvas jamás a mi vera,

Siento tu alma maldita.

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En medio de la noche,
él pierde el sentido.
En medio de la noche,
ya no quiere,se es consigo.

Él, derrotado, se quita las alas;
él, obcecado, en no seguir mañana.
Él,que se imaginaba dueño;
él que soñó, para sí, mundo entero.

Ahora la llora
encerrado en su cuarto.
Mañana, se piensa,
no la extrañará tanto.

Sin embargo, los sueños
ya no son los de antes.
Sin embargo, sus cuentos
ya no tratan de amantes.

Todo obedece al color
de su gris emoción,
que la rije cualquier razón
escondida en su vieja canción.

Y es que, por la noche,
cae en tremenda cuenta,
el porqué de lagrimas derroche
es el ser poeta.

Que los sueños se apagan,
los amores marchitan.
Que las ilusiones se cansan
y las pasiones, no abrigan.

domingo, 6 de enero de 2008

VII

El Todo da vueltas.

Yo soy Dios y desde aquí, pienso jugar con tu vida. Me da igual que no quieras,puedo. ¿Qué quiero que el Todo gire? Pues gira y,si Yo quisiese,dejaría de girar. Pero,es mucho más divertido verte llorar.Es mucho más divertido verte llorar por ella. Ya te lo he dicho, Yo lo controlo todo, aunque no quieras, puedo y punto. Porque sí, porque lo digo Yo.

Jugaría con la vida de otro pero, tú eres un necio. Te empeñaste en ser artista y no un cualquiera, no. Pretendiste recoger la grandeza del amor en un mísero folio. Ni lo sueñes. El único con poder de crear y destruir, juzgar y efectuar, recoger y esparcir soy Yo y tú no tienes nada que decir o hacer. Ahora menos.

Así que, no he ensuciado mis manos con sangre, te he dado una lección. Por pretencioso, por loco enamorado. Ya puedes dejar de escribir, de ser tan necio y de no escribir mása que necedades. Ya conoces la lección: Yo mando. Yo decido quien es valido y quien no y, tú no lo eres. Ni tú, ni tus papelajos. En especial, ese.

¿Recoger la grandeza del amor en un folio?
¡JÁ!
¿Tú quién te has creido que eres?
¿Dios?
No, gracias. Ese soy Yo.



Mierda, ¿dónde estoy? ¿Qué hago aquí? ¿Por qué mi carta arde en el fuego y tengo las manos manchadas de sangre?
Dios, ¿por qué me haces esto? ¿Por qué he hecho esto?